Si se es moroso, que no sorprenda quedarse sin tarjeta: las entidades cancelan las tarjetas de crédito de los deudores o no las renuevan cuando caducan.
Hasta hace poco tiempo los bancos y cajas eran permisivos con los clientes morosos, y acordaban renegociar las deudas, pero desde que estalló la crisis, las entidades han endurecido su postura radicalmente. En muchos casos, cuando se da la situación de morosidad, las entidades financieras proceden a cancelar las tarjetas de crédito de los clientes menos solventes (o las de quienes presentan un mayor grado de morosidad), o evitan su renovación.
La crisis ha provocado que el número de morosos aumente de manera desmesurada, y los bancos no son ajenos a ello. Puede parecer exagerado, pero los clientes “non gratos”, con un elevado grado de morosidad, pueden encontrarse en la situación de que al retirar fondos en una sucursal bancaria les sea denegada su tarjeta de crédito, al no estar operativa.
En los casos más graves, como el adeudo reincidente de grandes sumas, se llega incluso a la congelación de la cuenta corriente del moroso hasta que se satisfagan las deudas contraídas con la entidad.
Pese a que esto asuste un poco, cabe dejar claro que no todos los casos son iguales, ni tampoco lo es su tratamiento por parte de las entidades financieras: no es lo mismo retrasarse en el abono de una cuota mensual que los impagos de forma regular. Los bancos y cajas sólo aplican las soluciones extremas en los casos más graves de morosidad.