El BCE parece que quiere trascender de una manera definitiva todas las limitaciones estatutarias que ha venido alegando durante los últimos meses para no ejecutar políticas crediticias propicias para la recuperación económica de la zona Euro, y con la llegada del nuevo Presidente, Mario Draghi, ha comenzado a apostar claramente por abrir el grifo del crédito a las entidades financieras europeas, como mecanismo de inicio de la recuperación económica.
Por ello, ha decidido empezar a conceder créditos a tres años, en lugar de los habituales a un año, para facilitar las condiciones de devolución de los mismos y garantizar así el desahogo de las entidades. Con plazos de devolución demasiados estrictos las entidades no tienen capacidad de acción y quedan condenadas a tener que devolver sus créditos, sin otras posibilidades.
Sin embargo, con manga más ancha, tienen opciones de liquidez suficientes como para plantearse posibilidades reales de concesión de créditos al mercado, la principal asignatura pendiente de la zona Euro, y con ello se pueden empezar a plantear la recuperación económica como una realidad, más que como una quimera imposible.
La gran incógnita que se cierne sobre la economía europea es saber que sucederá a partir de 2012, una vez que se empiece a atisbar cierta recuperación económica y las tensiones inflacionistas, reales o intuidas, puedan volver a aparecer.