El Banco de España, primer organismo regulador y supervisor de nuestro país en materia financiera, se encuentra en el ojo del huracán tras la nacionalización de Bankia, precedida por ciertas irregularidades en los balances presentados por la entidad, los cuáles no fueron advertidos por el regulador.
Un Banco de España que durante estos meses de crisis se ha dedicado a dar lecciones de buenas prácticas económicas destacando la necesidad de acometer toda una serie de reformas en sectores paralelos, como podría ser la reforma laboral, mientras que el sector financiero, que dependía directamente de él se estaba viniendo abajo.
Y la situación es más grave todavía si tenemos en cuenta que desde la entrada en vigor del Euro, la única obligación real para el Banco de España es controlar las operaciones del sector financiero, con lo que la carga de trabajo se ha reducido de manera significativa, al menos lo suficiente para poder exigirle que hubiera ejecutado su labor de una manera más garantista.
Bien es cierto, sin embargo, que no toda la culpa es del Banco de España, sino que parte de la responsabilidad es de los partidos políticos que han utilizado las Cajas a su capricho, pero no el máximo organismo financiero en España no puede eludir su responsabilidad.